martes, 18 de julio de 2017

Herencia granota, herencia de un sentimiento

Han pasado largos meses desde que os escribí por última vez. Un tiempo en donde ha pasado de todo, para lo bueno y para lo malo. Estuve más en la sombra, pero estuve. Viendo cuan caprichoso puede ser el fútbol y la vida. Hoy me hago el ánimo de volver para quedarme, contando lo que me ha sucedido.

En lo primero, saboreé semana tras semana las mieles del éxito. La de un Levante que desde el verano pasado ya pintaba bien pero que se hizo aún más fuerte. Viví la experiencia de mi primer ascenso como granota: el ambiente inolvidable, la invasión de campo, la visita a la fuente Cuatro Estaciones, los festejos por el centro de Valencia,... Lo disfruté, pero no tanto como quería. Faltó algo. Mejor dicho: faltó alguien.

Pasadas las Navidades, una desgracia me tocó de cerca. Mi tío Pere, ese mismo que estaba impregnado por el gen granota, cayó gravemente enfermo. Luchó, pero no mejoraba. De hecho, esa promesa que me hizo en agosto no fue cumplida. No pudimos ver juntos el regreso del Levante a la primera división, aunque él sí lo siguiera por la televisión. Lamentablemente, a principio de este mes de julio nos dejó.

Nos habíamos hecho la idea de que esto podía suceder. Sin embargo, no es lo mismo pensarlo que experimentarlo. Antes de marcharse, en una visita que le hice, cuando él aún tenía fuerzas suficientes pero como si supiera que no le quedaba mucho por delante, estuvimos hablando un rato de nuestro equipo. No quería que se desgastara mucho, pero aquella tarde parecía animado. Me comentó que todos aquellos recuerdos que conservaba en el chalet, me los guardara yo si quería. También me entregó una cajita, haciéndole prometer que hasta el 18 de julio no la abriría. La curiosidad me podía, pero le dí mi palabra.

-Fragmento campaña 'Herència granota' del Levante UD-
Era el día señalado. Y la verdad, no sabía que hacer: si abrirla o esperar más adelante. La pérdida de mi tío era aún reciente y el no saber que podía encontrar dentro podía afectarme más. Saqué valor y fui descubriendo lo que se guardaba en el interior. 

Lo primero que me encontré fueron unos carnets de abonado con el nombre de mi tío. Habían bastantes, desde recientes a más antiguos, cuando aún se ticaba haciendo los agujeros en el cartón. De repente, me topé con otro cuyo nombre no era el mismo, más antiguo, de principios de la década de 1940. Tras pensar unos segundos, caí en la cuenta: ¡era de mi abuelo! No sabía que también había seguido al Levante en aquellos tiempos cuando todavía debía ser muy joven.

Dentro habían más cosas, como algunos cromos de futbolistas que había escuchado su nombre y debían de ser de los favoritos de mi tío y algunas fotografías. Me llamó la atención una de la Copa de 1937 conquistada por el Levante, aquella que ya había podido conocer de su historia, expuesta en una vitrina, y al lado mi tío vistiendo una camiseta blanquinegra (diría que con la que se ascendió en Chapín). ¿Pero qué veían mis ojos? Justo debajo había otra, de mi abuelo, en lo que parecía ser una reunión de alguna asociación o peña, en donde aparecía la citada Copa y también con una prenda blanquinegra del Levante de aquellos tiempos. La foto estaba algo degradada por los años, era en blanco y negro, pero aún se podía apreciar y distinguir. 

Los ojos se me enhumedecieron. Y me topé con una cosa más, una carta cuya letra pude reconocer que pertenecía a mí tío:


"Hola Albert.

Si estás leyendo esto es porque ya te pertenece el regalo que acabas de descubrir. Seré algo breve. Aunque te costó descubrir al Levante y hacerte un buen granota, me alegro mucho de que al final lo hicieras. Para mí y para tu abuelo es un orgullo poder verte así, con los colores azulgranas o blanquinegros de sus camisetas. Como has podido ver, eres ya la tercera generación de levantinistas en la familia (y espero que no la última). Porque aunque nuestro equipo no nos regala muchas alegrías, es único. Y ahora, cuando se cumplen 80 años de la conquista de la Copa que ganaron aquellos héroes que vio jugar tu abuelo, no se me ocurría mejor tesoro que te puedo dejar. Esta es mi herencia granota, la herencia de un sentimiento".


Aquellas breves pero intensas líneas me habían dejado casi sin palabras. Tras secar las lágrimas de mis ojos y volver a la realidad, tenía claro lo que tenía que hacer. Un par de horas después ya tenía lo que quería. Quedaba grabada para el recuerdo una fotografía: Yo, la nueva equipación blanquinegra y la Copa de la República. Siguiendo los pasos de mis antecesores. Por la historia de mi familia y por esa herencia granota.