martes, 16 de agosto de 2016

Contigo quiero volver

La estancia en Roma, en mis cinco días de vacaciones, había sido como esperaba: placentera e intensa. Un no parar entre visitas a lo que nos ofrecía la ciudad y, porque no decirlo, alguna noche saliendo de fiesta hasta altas horas.

Pero ya me encontraba de nuevo en Valencia. Al volver un viernes de la playa para seguir cogiendo mi habitual moreno de piel, mis padres me avisaban de que no hiciera planes para el domingo. Tocaba juntarse la familia al completo, en una reunión ya tradicional de los últimos años. Una velada para estrechar lazos y así poder ver al menos una vez a todos esos parientes con la agenda más completa.

-Foto: Héctor Conesa-
Esta vez tocaba visitar casualmente el chalet de Pere, mi tío levantinista, que así se llamaba. Me hacía especial ilusión porque tenía una gran piscina donde sumergirme cuando el calor apretara y unos perros que eran muy simpáticos. Así que, junto al resto de batallitas, seguro que no iba a aborrecer aquel día.

Nos juntamos casi veinte miembros de la misma familia; uno se había quedado en el camino respecto a nuestra anterior convocatoria. Como buenos valencianos, una gran paella copaba el centro la mesa, muy rica por cierto. Después el postre y hubo quien aprovechó para pegarse una breve cabezadita. Fue cuando, mientras ayudaba a recoger los platos y demás sobras de la comida, me fijé en algo.

Dentro de la casa, en una de las habitaciones colindantes con la cocina, en una pared colgaban unas portadas de varios vinilos de temática rockera que tanto gustaban a mi tío. En otra de las paredes habían dos pósters. Me adentré para verlos con más calma. ¡Eran del Levante! En ellos se veía una recopilación de imágenes, de varios jugadores y otras personas o aficionados, que parecían estar celebrando algo. Apenas reconocía a un par de ellos. Y estaba seguro, por las equipaciones que vestían, que no eran de la misma temporada.

Al volverme para salir de dicha habitación, sobre el marco de la puerta estaba apoyado mi tío con una sonrisa picarona. "Algo me decía que ibas a estar aquí. ¿Quieres que te cuente la historia de esos pósters, Albert?" Yo, algo sorprendido al cazarme in fraganti, respondí al poco que por supuesto. Mi tío se dirigió para descolgarlos de la pared, cogimos dos sillones y nos acomodamos uno junto al otro.

Como imaginaba, eran de distintos años. Empezó explicándome el más antiguo. "Esto que aquí ves es el estadio de Chapín, en Xerez. Cuarenta años después, de manos de este hombre, íbamos a volver a Primera. Se llamaba Manolo Preciado, que en paz descanse" decía reposando la mano con cierto cariño, después de señalarme el rostro del que había sido el entrenador. Después fue mencionándome a otros y algunas de sus virtudes, como la entrega de Descarga, el liderazgo de Rivera, la euforia que transmitía Reggi,... "Y este de aquí es Tito, que ahora se encarga de la planificación de nuestra plantilla". Seguimos unos minutos más viéndolo al detalle.

Pasamos al segundo póster. "De esto ya hace menos. ¡Y puede decirse que fue casi como un milagro! Aquel día en el Ciutat de Valencia, por nuestro centenario, también hubo otro ascenso. Ves, este es Iborra, que apenas llevaba unos pocos años con el primer equipo. Y este es Juanfran, que había vuelto al Levante después de muchos años triunfando en clubes mayores. Juventud y experiencia unidas por levantinismo". Yo asentía con la cabeza. Esos sí los había reconocido. Y seguía escuchando atentamente y quedándome con otros nombres como Héctor Rodas, Xisco Nadal, Rubén Suárez, el entrenador Luís García,...

-¡Qué bonito y que envidia sería haber vivido esos momentos! - le dije.
-Pues sí, Albert. No sabes cuanto. ¿Pero sabes que es lo mejor de todo y por qué guardo y tengo colgados dichos pósters con tanto cariño?
-A ver, sorpréndeme.
-No solo los tengo por los ascensos. Han habido más, incluso otro extra de por medio. Aquellos jugadores no eran solo un buen equipo, eran como una auténtica y gran familia. Nadie daba un duro por ellos. Muy pocos conocían su nombre antes de comenzar esa temporada. Pero ellos, en sus respectivos años, siempre creyeron y les hicieron creer en sus posibilidades. Porque donde por fútbol te pueden ganar, puedes hacerte fuerte en otros aspectos y ser tan bueno o mejor que otros equipos con más dinero o futbolistas de más calidad. Hasta lágrimas se vieron cuando iban a separarse de este club y compañeros. ¿Y sabes qué?
-Dime - comenzaba a verle ciertamente entusiasmado.
-Que este año la historia puede volver a repetirse.

Paramos unos segundos pensando en esas últimas palabras de dicha conversación. Ahora que lo decía, tenía su lógica. Es verdad que acabábamos de bajar de categoría y habría más dinero que otros años para confeccionar una plantilla competitiva. Pero el propio Tito, el mismo que había sido parte de una de esos episodios del pasado, se estaba basando en ello durante estos últimos meses y venía confiando en unos valores traducidos anteriormente en forma de éxitos.

-Ahora todo depende de ellos. De Muñiz y de los Roger, Espinosa, Chema, Remiro, Morales,... que con mi debido respeto hacia ellos, solo los más futboleros saben bien como y quienes son. Deben demostrar lo que valen en el campo y afianzar una sentida unión también fuera de él - reanudaba así la charla.
-Tienes toda la razón. Ojalá lo veamos y tú y yo estemos presentes en dicho día en caso de convertirse en realidad.
-Te doy mi palabra, Albert. Ese día lo veremos juntos. Con esos futbolistas y contigo, quiero volver.