viernes, 8 de julio de 2016

Vuelta a la normalidad... y con Camarasa

Va a darse por concluida la primera semana de trabajo, después de que la plantilla y nuevo cuerpo técnico finalizaran sus vacaciones e iniciaran la pretemporada. Han sido realmente unos días de mucho ajetreo; también algo normal dada la reconstrucción del proyecto deportivo que tiene Tito.

-Foto: Levante UD-
El lunes, día señalado para volver a la rutina, reinaba la tranquilidad con las pertinentes pruebas y revisiones médicas. El martes los jugadores ya saltaban al césped de Buñol con las nuevas vestimentas de Macron para realizar las primeras tareas físicas. Así mismo, Muñiz organizaba una agenda en que predominaban las dobles sesiones de entrenamiento.

Además, poco a poco se han ido sumando efectivos. Deyverson, con permiso especial autorizado por el club, regresaba el miércoles, mientras que los cinco refuerzos oficializados hasta la fecha (incluyendo a un Abraham que se estrenaba hoy) han aumentado el escuadrón granota para dar mejor forma especialmente a una línea defensiva desangelada de miembros.

Pero el inesperado protagonista en el día de ayer fue Camarasa. El centrocampista de Meliana se negaba a entrenar con el resto de sus compañeros, pareciendo forzar su salida a un nuevo destino de Primera División, en el que el Espanyol sigue su pista. Tampoco lo haría en la sesión vespertina. Y Tito y Quico Catalán confirmaban los hechos en la rueda de prensa con motivo de la presentación de Álex Remiro y Rober.

Positivamente para todos, Camarasa parece momentáneamente haber recapacitado y entrado en razones después de aguantar el chaparrón de críticas tanto de la dirección deportiva como de sus propios aficionados tildándole de poco profesional. En este primer entrenamiento del viernes, voluntariamente sí se ha unido con el resto del grupo realizando trabajo táctico y físico.

Los próximos días serán cruciales para conocer el futuro de uno de los valuartes del Levante e internacional sub-21. Tito deberá meditar si rebajar las pretensiones económicas para forzar la salida de Camarasa o, por contra, ser firme a las varas de medir inicialmente establecidas, temiendo otra posible revelión de dicho futbolista, de otros no satisfechos con su situación tras el descenso o con el cartel de transferible.