El milagro del Levante UD exige carácter

Hay derrotas que pesan tres puntos, y otras que pueden costar categorías. La del pasado sábado en Anoeta podría estar perfectamente entre las dos. Por la dificultad del escenario entre las primeras, y por la incomparecencia a nivel de actitud en las segundas.

- Plantilla del Levante UD tras una derrota (@Alex Caparros | Getty Images) -
También por cómo llegó, no por el rival o el contexto, sino por lo que dejó al descubierto: un Levante que compite, pero no sabe sobrevivir. A cinco puntos de la permanencia con ocho jornadas que disputarse, las matemáticas dicen que hay vida, pero en el fútbol es muy sencillo salirse de la ecuación. Sea por méritos propios o no, aunque los números hablan de que no se ha llegado a esta situación por mera casualidad.

El conjunto granota necesitar pulir detalles, con carácter y esa mezcla de malicia que le permita rascar puntos donde no los merezca, y defienda los resultados como si fuera la última botella de agua en el desierto.

Cuatro partidos fuera, y otros cuatro en el Ciutat de Valencia. El guion es claro: ganarlo todo en casa sin posibilidad de matices. Lejos de Orriols se agota ya la excusa de que el rival no pertenece a su liga. Sobre el papel, ninguno de los rivales a los que tiene pendiente visitar lo es. Sin embargo, a estas alturas, o sumas, o te alejas.

Entretanto, una plantilla que, en términos de rendimiento, ha sido una montaña rusa. Los que empezaron como cohetes ahora parecen apagados, y los que arrancaron mal ahora mantienen la esperanza. 

Perder está permitido, es una circunstancia más del deporte. El cómo es algo innegociable. Y ya son varios episodios a lo largo de la temporada en los que el Levante no impone respeto en su terreno. Se le escapa un balón muerto, Oyarzabal campa a sus anchas en el área pequeña, se aceptan decisiones arbitrales con resignación. 

Es otra historia, pero no menos importante, el no saber parar un partido. No ensuciarlo cuando toca, no jugar a ese otro fútbol que también da puntos. Y justo ahora viene el Getafe. Un espejo incómodo que hace del oficio su forma de vida. Sabe jugar y cuando no debe dejar hacerlo.

Un sector de la afición mira al abismo, e incluso algunos dan por hecha la pérdida de categoría. Comprensible a la vez que precipitado. Queda una última prueba, la definitiva sin ir más lejos. Los milagros existen, pocos, pero los hay, pero para que aparezcan hay que labrarlos con coraje, suerte y carácter.


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