El Levante UD sobrevive a su propio caos

El Levante UD ganó por fin en el Ciutat de Valencia. Lo hizo con una grada que despertó y enloqueció en apenas tres minutos. Cuando todo parecía perdido, el conjunto granota encontró en el caos una victoria que vale más que tres puntos.

- El Levante UD celebra su primera victoria de la temporada en el Ciutat (David Ramos | Getty Images) -

Lo del viernes es de esa clase de partidos de los cuales no sabes por donde empezar. El Levante UD ganó, y lo hizo como casi siempre a la hora de la verdad: tarde y al borde del infarto. Primera victoria como local de la temporada, que ya era una deuda pesada con el Ciutat de Valencia y con una afición a la que este equipo le cobra intereses en forma de taquicardias.

Fue ante el Elche CF. Un rival con el que empieza a construirse algo más que una simple coincidencia geográfica. Hay encuentros que no necesitan de una larga historia previa para que sean incómodos.

El guion fue demasiado perfecto para nuestros estándares. En el minuto 90 el choque parecía encarrilado, pero llega el 2-2. Golazo de chilena, para variar, y con un jarro de agua fría que superó las bajas temperaturas de esta época del año. Un golpe de esos que te dejan mirando al césped como si te acabaran de explicar que la vida no va a mejorar.

Sin embargo, tres minutos después, cuando todo era resignación y algún silbido nervioso, Matturro se eleva y marca de cabeza en el 95'. Precisamente Matturro. Un futbolista que no está firmando una temporada especialmente excelsa, que ha generado más dudas que certezas, pero que en este caso apareció en el momento exacto y en el lugar adecuado. Cuando el fútbol quiere, también tiene cierto sentido del humor.

La celebración fue histeria pura. De esas que nos definen como grada y que sí, se dan tras habernos quitado años de vida. El triunfo nos devuelve a la vida. Y eso no es poca cosa teniendo en cuenta el calendario que se avecina. Se aproxima el típico tramo en el que se decide, definitivamente, quien va a subirse al ring a pelear por la permanencia.

El Levante UD, como mínimo, va a estar en el borde del cuadrilátero, y eso, en parte, es gracias a Luís Castro. El portugués ha insuflado algo que no se entrena: aire fresco. No ha hecho todavía ningún milagro, pero sí ha conseguido que este equipo compita. 

También empiezan a verse brotes verdes individuales. Pablo Martínez vuelve a su mejor versión poco a poco, transmitiendo esa seguridad que tanto le ha faltado en los últimos tiempos. En el lado opuesto, Etta Eyong se apaga, diluyéndose partido a partido, como si la temporada se le estuviera haciendo demasiado larga.

Este Levante UD comienza a convencer y, desde luego, no promete un cierre de campaña tranquilo. Para competir la permanencia hace falta algo más que tácticas o estadísticas: fe, caos, y una pizca de locura colectiva en la que, por desgracia, somos especialistas. Queda mucho, pero mientras haya un minuto 95, este equipo seguirá teniendo algo a lo que agarrarse. 

 

 

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