viernes, 18 de agosto de 2017

Tiempos diferentes

¿Renovarse o morir? ¿Es necesario cambiar un modelo o ideales que identifican a un club para mantenerse vivito y coleando? 

Actualmente se vive en una sociedad donde un señor parece estar por encima del resto: Don Dinero. Aunque en verdad, siempre ha sido así. Quien posee más riqueza, normalmente tiene más privilegios y éxito. En el mundo del fútbol sucede exactamente lo mismo, con la lucha de equipos menores por no alejarse de los que aspiran a metas más altas. Pero a veces, estos ven necesarios romper con sus raíces con tal de adecuarse a los tiempos que corren.

-Foto: @Adolfo Benetó / Levante UD-
Algo similar es lo que está sucediendo en el Levante. El equipo humilde de la ciudad, sin demasiados bienes. Casi siempre a la sombra del resto en su centenaria historia, intentando elaborar proyectos de bajo coste. Ya en pleno siglo XXI, ha dado un paso adelante. Más tiempo en primera división que en categorías inferiores.

Pero no todo ha sido tan fácil en los últimos años. No es oro todo lo que reluce. Sin ir más lejos, tirando un poco de memoria, nadie olvida cuando en 2008 el club casi va a la liquidación. Se repuso de este duro traspiés y miró al frente. Así, casi con el mínimo presupuesto, se disfrutaron de las temporadas más ilustres, pasando de la categoría de plata a competir por el continente europeo en menos de un lustro.

Es un hecho que el fútbol es un deporte de continuos cambios, inclusive ciclos deportivos, directivas, estabilidad,... Muy pocos consiguen mantenerse constantes. Dicen que si algo funciona, no hay que cambiarlo. Y el Levante apostó especialmente en el campeonato 2015/16 por evolucionar. Sobre la mesa, hizo "all-in". El mayor presupuesto de su historia, con grandes desembolsos para conseguir algunos fichajes y con una plantilla con nacionalidades muy diversas. El resultado ya lo sabéis: un auténtico fracaso.

Se volvió al barro. Comenzó la 'era Tito'. Y se regresó o se hizo un amago de volver al camino que tan bien había ido otras veces. Salvo alguna excepción, se convenció a los futbolistas por el proyecto, no solo por el dinero. Se formó otro fantástico grupo humano, ausente desde muchísimos meses. Y el buen trabajo realizado desde la secretaría técnica, se vio también reflejado en el terreno de juego. Un inmaculado ascenso.

Estamos de nuevo en el presente. Otra vez cambio en la hoja de ruta. En Orriols los billetes han vuelto a ver la luz. Especialmente para hacerse con los servicios de apuestas futbolísticas y posiblemente notables jugones en un breve periodo. Inversión en juventud como principal novedad de este proyecto, cuya hambre por triunfar es un punto a favor. De Ligas diversas y con nacionalidades como Macedonia, Ghana, Serbia,... que se unen a la base española y ya conocedora de la competición. Y algo similar está sucediendo en la sección femenina; pero ahí habría que hilar más fino y profundo y ya correspondería a otro escrito diferente.

No seré yo quien discuta el proyecto ni las cualidades de estos nuevos granotas. Es innegable que algunos guardan mucha magia y fútbol. Pero también cabe recordar que no todas las apuestas salen bien y existe el riesgo. Quien juega con fuego, termina quemándose. No es un mensaje de socorro, más bien de tener cautela a corto plazo. Porque pese a que esta temporada 2017/18 que se inicia en breve se depara como ilusionante y por parte de la afición ha tenido la mayor acogida en cuanto récord histórico de abonados, el exceso de ambición puede hacer sufrir más de lo debido. Disfrutemos con el Levante, pero espero que se tenga bien en cuenta episodios pasados. Evolucionar sí, pero a un ritmo que no ocasione acelerones bruscos y nuevos siniestros.