sábado, 1 de abril de 2017

Justicia poética en Orriols

Ser del Levante es sinónimo de sufrir. De vivir en los extremos, de experimentar las sensaciones más dramáticas para paladear con regusto los momentos más dulces e intensos. Y uno piensa: con 19 puntos sobre el tercero, ¿qué podríamos temer o sentir en un día como hoy? Simplemente es así, no tratemos de explicarlo. De infarto, sin gargantas ni corazón, pero de nuevo con un triunfo que vuelve a quedarse en las arcas azulgranas.

El Levante comenzó el choque con la intensidad propia de los equipos grandes. Dominando, demostrando por qué es el líder de la categoría y no permitiendo al los burgaleses imponer las nuevas premisas implantadas por el nuevo míster. 

-Foto: Jorge Ramírez / Levante UD-
Así pues, tras dos intentos que se quedaron en un siempre asomo, poco tardó en desnivelarse la balanza a favor de los locales. Jason y Espinosa diseñaron la jugada con la magia propia de las estrellas para que el gallego, con un balón filtrado en boca de gol, cediera el honor del tanto al reaparecido Chema. Uno cero y encuentro encarrilado.

A partir de ese momento, la monotonía se apoderó de una media hora restante en la que una escalofriante acción entre Pedro López y un futbolista rival se saldó con la rápida intervención de los compañeros y los servicios médicos del club. Afortunadamente, todo quedó en un susto. Saveljich, tras varias semanas inactivo, volvió a vestir la camiseta azulgrana.

La segunda mitad mantuvo la dinámica del primer acto. Dominio local, miedo en el rival y la sensación de que pronto se terminaría de cerrar el partido. Y en éstas, en el minuto 54, Morales y su punta de velocidad forzaron una estúpida pena máxima que Roger no acertó a convertir. 

Y, cosas del fútbol, las cosas comenzaron a tornarse en contra cuando, en el minuto 66 y en su primer lanzamiento entre palos, Sangalli igualó la contienda para alegría de un banquillo visitante que se fundió en un sentido y esperanzador abrazo. Instantáneamente, la reacción de Muñiz se plasmó con la entrada de Casadesús en detrimento de un Espinosa que notaba el paso de los minutos.

Las constantes pérdidas de tiempo de los chicos de Pablo Alfaro incrementaron una tensión que alcanzó su punto máximo en el minuto 90. En una acción desde la esquina, el colegiado decretó un nuevo penalti por un agarrón clamoroso dentro del área. Roger, en esta ocasión, desató el delirio de la hinchada anotando el dos a uno.

Pese a ello, hubo que sufrir hasta el final. Raúl Fernández destapó el tarro de las esencias para, con una intervención prodigiosa, dejar los tres puntos en casa y el ascenso todavía más finiquitado. El día señalado, cada vez más cerca.