lunes, 19 de septiembre de 2016

Cuestión de pequeños detalles

Odio los lunes. Me ponen de mal carácter, me irritan. El volver a la rutina madrugando después de un fin de semana de cierta relajación y libertad, me disgusta. Soy uno más de esa inmensa mayoría de los que eliminaría dicho día. Por si fuera poco, las primeras horas desde que me levanto, me cuesta mantener los ojos abiertos y me sumerjo en la nube de tráfico y estrés de la ciudad para acudir a mi cita con los estudios.

-Foto: Jorge Ramírez / Levante UD-
Pensaba que los lunes no podían ser peor. Pero hace poco me percaté de lo equivocado que estaba. Se podía detestarlos más. Esta semana ha tocado ver perder a mi equipo, a nuestro Levante. Una primera derrota que podía entrar perfectamente en el guión, la primera de la temporada, ahora mismo sin demasiada trascendencia. Y aún que hay dar gracias, porque la "fortuna" de que se juegue este año en la Segunda División nos permite disfrutar de mejores resultados.

No vi al equipo concentrado el sábado. Habían viajado a Córdoba en autobús y hubo algunos jugadores que hasta bien entrado el partido parecían que no habían bajado de él. Despistes, imprecisiones, una marcha de velocidad inferior respecto a lo habitual,... No salía nada y no sabía a quien agarrarme para que se variara el rumbo y desenlace de ese episodio. Montañés alentaría a sus compañeros y dio las primeras muestras de ser ese futbolista por el que Tito había apostado para ser relevante en banda cuando impera el colapso de ideas del bloque.

Se perdió, irremediablemente. El enfurruñamiento se plasmó en mi cara y ahí sigue a día de hoy. Porque una victoria del Levante es la dosis de cierta felicidad para el resto de la semana.Y cuando no, notas que te falta esa pizca de satisfacción interna. Sin embargo, el café mañanero parecía haber hecho efecto. Estaba más despejado que de costumbre y durante mi trayecto anduve percatándome más de mi entorno.

 Antes, hace unos años, llegaba el comienzo de la jornada escolar y veías a los niños y niñas arropados con sus atuendos valencianistas. Rara vez dislumbrabas algún enfoque azulgrana; y cuando te topabas con ellos algunos eran por el Barça. Ahora son cada vez más chavales los que dudan menos en llegar a sus colegios con las últimas camisetas de Nike o Macron. "El vecino" está para pocas celebraciones y el levantinista no duda en desenmascarar su orgullo pese a las derrotas.

Así, detenido en un semáforo en rojo dando paso a los peatones, de entre la muchedumbre de entre padres y niños en su trayecto a la escuela, llegué a adivinar otros dos que "con las barras azulgranas de tu clásico jersey" gritaban felices porque les habían dado permiso para no faltar el miércoles al Ciutat de Valencia. Es verdad, había Liga. Y es verdad, la felicidad de esos niños me sacó una sonrisa que me acompañó y animó más el resto del día. Cuestión de pequeños detalles.