miércoles, 10 de agosto de 2016

Juanfran García, un héroe sin capa ni superpoderes

Los humanos por naturaleza somos seres imperfectos. Los instintos u otras razones difíciles de comprender a veces llevan a tomar decisiones precipitadas o totalmente equivocadas. Por la cabeza de cada uno, a lo largo de un día pasan miles de pensamientos de todo tipo relacionados con el ámbito personal, profesional,... Y si tenemos que evaluar más de dos décadas, todo este tiempo da para mucho.

El mundo del deporte y concretamente del fútbol deja muchos nombres. Unos pasan sin pena ni gloria, otros tienen sus momentos de brillantez y otros son recordados de por vida. Este texto en particular se centra en uno solo, redactado desde el cariño y con la mejor de las intenciones, el cual espero que llegue a comprenderse su total significado y no ser malinterpretado por nadie, con dedicatoria al que ha sido y será mi ídolo futbolístico, llamado Juanfran García.

-Juanfran celebra gol en Europa League (@alamystock.com)-
Cuando este hombre había comenzado a dar patadas al balón, yo ni había nacido. Los campos de tierra y el fútbol modesto de equipos como el Alacuás, Serranos,... vieron al por entonces desconocido Juanfran vistiendo su camiseta. En una de las muchas y difíciles etapas del Levante, cuando se buscaba reclutar gente para las categorías inferiores y bajo el asesoramiento de sus familiares más cercanos y de un M.A. Ruiz que ya se hacía hueco, se decidía a realizar una prueba para formar parte de este club y por el que terminaría siendo acogido. Esa misma entidad cuyo estadio en donde jugaba el primer equipo se situaba a escasos metros de su casa y a la que tantos partidos había acudido a ver como un hincha más.

Aunque probablemente no era consciente en aquel momento, la decisión de probar y el 'sí' del Levante dio paso al comienzo de una leyenda. No se perdió uno de esos grandes jugadores que se quedan en mitad del camino. Decíamos que no eran tiempos fáciles y el 5 de diciembre de 1993, de mano del entrenador José Enrique Díaz, se obraba su debut con el primer escuadrón granota en una derrota por cero a dos contra l'Hospitalet. El joven Juanfran por entonces ocupaba demarcaciones ofensivas, pero más tarde dos clásicos de los banquillos como Carlos Simón y Mané le retrasaron hasta el lateral zurdo, puesto que ha defendido durante prácticamente la totalidad de su carrera. Así, afianzado ya con una primera ficha, se convertiría en una de las promesas y revelaciones, celebrando un ascenso desde la Segunda División B.

Una de esas primeras decisiones difícil de tomar tendría lugar en 1997. ¿Qué hacer cuando el Valencia CF, equipo más grande deportivamente de la ciudad, que está afianzado en Primera División y el cual es el máximo rival llama a tu puerta? Tras recapacitarlo y dadas las circunstancias económicas del Levante, quien sacó también un buen pellizco, Juanfran pasaría a lucir los colores blanquinegros en Mestalla. Una época recordada por esos vibrantes duelos contra el FC Barcelona, con Mendieta y 'Piojo' López como figuras y que desencadenaría en su primer título, la Copa del Rey de 1999, aupada en el Estadio La Cartuja venciendo tres a cero al Atlético de Madrid.

Apenas fueron un par de años, pero el crecimiento y la madurez experimentada en ese tiempo fue tremenda. El Valencia pasaría a reformar su proyecto y dadas las intenciones de fichar más piezas en su puesto, vio conveniente emigar a tierras gallegas. En el Celta de Vigo vivió su época más dorada y la del propio club, con el debut en Champions League donde casualmente anotaría el primer tanto, con la llamada de la Selección Española disputando el Mundial de 2002 (algo al alcance de muy pocos), lugar en el que conoció también a su mujer,... en resumen, la que pasó a ser su segunda casa. Un maravilloso lustro con un recuerdo imborrable y que lamentablemente concluyó con un descenso, saliendo un mar de lágrimas de tristeza e impotencia, al igual que tras la eliminación de la cita mundialística.

Y de Vigo a Europa. Una travesía de varios años, tras el convencimiento del hasta hace poco seleccionador español Vicente Del Bosque. Él y Juanfran se embarcaban con el Besiktas turco y un año después el lateral firmaba por el histórico Ajax de Amsterdam, cosechando un fantástico doblete. Pero era tiempo de volver a España y fue el Real Zaragoza quien lo permitió. Al igual que con su anterior equipo español, participación en competición europea traducida en descenso y más lágrimas. El fútbol le regalaba grandes éxitos y un curriculum envidiable por muchos, pero a su vez duros varapalos. Y su última salida al exterior le condujo al AEK de Atenas.

Año y medio después, una segunda gran oportunidad no le hacía dudar ni un solo momento que tocaba volver para quedarse en casa. La estancia en Grecia no estaba resultando cómoda, la salud delicada de un familiar dificultaba más todo y el Levante celebraba su centenario. Que mejor regalo, a modo de gran sorpresa, de ayudar con su fútbol. Si algo ha tenido Juanfran es su naturalidad y dificultad para fingir sentimientos. Esto lo hemos podido comprobar en las intervenciones o entrevistas del pasado en medios de comunicación donde no podía ocultar su levantinismo y su deseo de terminar regresando a la entidad que le había dado las llaves para forjarse un camino en este complicado mundo. Había que recompensar este mutuo amor: el Levante y sus aficionados disfrutarían de sus carreras por bandas y Juanfran volvería a sonreír.

"Todo se va terminando como un sueño que se aleja, pero el ascenso del Levante en mi corazón se queda". ¿Os suena, verdad? Inconfundible estribillo por el que se arrancó a cantar y modificar Juanfran en el balcón del Ayuntamiento de Valencia para poner el broche de oro a 'La gesta del siglo'. En 2010/11, juntos estarían en Primera. Un año con permanencia rematada en Mestalla, casa del vecino en la que es difícil que se respete a uno, y en donde el de Barona siempre fue apreciado al margen de colores. 

¿Y qué decir de 2011/12? El mejor Levante de la historia, el del liderato provisional y el la clasificación para la Europa League con nombres al frente como el de Juan Ignacio Martínez, Ballesteros, Iborra, Juanlu, Koné o el suyo propio. Desde el infierno griego hasta el frío de Moscú, paseando el escudo y nombre de este club con gran honor. Él, quien el 13 de mayo de 2012 se derrumbaba a llorar sobre el verde del Ciutat de Valencia, pero esta vez por la inmensa emoción de algo tan inimaginable, había sido el primero en estrenarse como goleador en fase de grupos, al igual que ocurrió en su día con el Celta de Vigo. Su nombre figurará de por vida ante tal hazaña.

Pero durante 2013, ya despiertos del sueño europeo, algo cambió. Una mancha apareció, algo que parece eterno y no se ha podido borrar. Algo que sigue haciendo mella entre los fans granotas sin que pueda olvidarse y que le persigue. Barkero señalaba sin pensarlo a él y a otros compañeros -que de confirmarse con pruebas o jurídicamente sería uno de los episodios más negros suyos y de la entidad- de estar influenciados para dejarse perder en un partido contra el Deportivo de la Coruña. En pocas y claras palabras: un (presunto) amaño. Nada ha podido demostrarse, defendiendo siempre su inocencia, pero como se decía anteriormente esto sigue haciendo sombra, y comenzó a dar paso al naufragio progresivo de este equipo. A la finalización de aquel campeonato, todos los envueltos en dicha polémica se despedían del Levante, excepto Juanfran. 

El club y el recién contratado Joaquín Caparrós indultaron al experimentado defensor. Ahora con una nueva labor: capitanear y ejercer como líder de un equipo huérfano de referentes tras la marcha de Ballesteros. Un hueco difícil de suplir, porque el levantinismo propio no lo es todo para dicho cargo. También hay que imponer autoridad, transmitir las exigencias y valores a los que representas dentro y fuera del campo, mantener una unión de vestuario en la que a veces se forman grietas,... y ahí quizás también, ese rol no ha sabido desempeñarlo como debía durante estos últimos años.

Hubo momentos de casta y orgullo en que donde si venían mal dadas ponía la cara para recibir una hostia por su equipo, pero también apariciones con gestos desafortunados o declaraciones poco ambiciosas o críticas con la postura que exigía una afición que cada vez se ponía más en su contra. Además los años no perdonan a nadie y tras su reconversión a central -precisamente- a partir de la aparición de Caparrós, sobre el verde, el firme y rocoso Juanfran capaz de robar el balón a un rival y subir la banda innumerables veces fue pasando a otra versión más irreconocible con continuos errores de marcaje o reproducciones de dolencias musculares. Finalmente y aunque le hubiera gustado convencerse de que el momento de colgar las botas podía retrasarse más aún, en lo que para muchos ha sido una decisión incorrecta y una retirada tardía, este 2016 con otro no deseado e irremediable descenso será el de su final como futbolista profesional.

-Retirada Juanfran (@Jorge Ramírez / Levante UD)-
Han sido un total de veintitres años de fútbol que concluyen ahora con cuarenta primaveras a sus espaldas. Muchos años en que algunos de los mejores clubes de Europa y sus aficionados han podido ser partícipes de su andadura. Y por supuesto, del más sentimental y especial, de su Levante, de los cuales ha compartido algo menos de la mitad de dicho tiempo con alegrías y tristezas repartidas y convirtiéndose en el jugador granota que más participaciones ha tenido en la élite del fútbol español (153). Además, sin una despedida digna en forma de ovación por parte de su público, teniendo que ser recibida esta en el estadio de Vallecas.

Un dicho reza que el fútbol tiene poca memoria; otro que bastará solo un error para que todo lo bueno que has hecho quede en la basura. Y yo estoy de acuerdo con dichas afirmaciones. Juanfran no habrá sido el mejor, posiblemente no haya generado el cariño o dejado la huella de otros, pero creo que a nadie le debería de quedar duda de que ha sido, es y será uno de los grandes emblemas del Levante Unión Deportiva, al menos de la época moderna, con sus errores y con sus aciertos. 

No soy quien para juzgar al resto ni establecer donde debe estar la vara de medir de cada uno. Toda opinión y gustos son tan válidos como los de cualquier otro. Pero para mí y salvo que termine demostrándose su culpabilidad en la polémica que le acecha tantos años (único motivo que nunca debería ser perdonado a nadie), siempre tendrá de por vida el hueco futbolístico más grande y sentido en mi corazón. Único e irrepetible. Gracias por todo y por tanto, Juanfran.