jueves, 9 de octubre de 2014

Levante UD EDI: Campeón de fútbol, fábrica de emociones

Fotos: Tania Martín y Julia Ortiz
Es jueves, son las siete de la tarde. En cualquier semana normal estaría en la Ciudad del Rugby, disfrutando y ayudando a aprender a mis amigos del Levante UD EDI. Hoy es 9 de octubre, fiesta en la Comunidad Valenciana y día de Sant Dionís, patrón de los enamorados valencianos. Curiosidades de la vida, yo que me siento enamorado de este equipo desde el primer día que lo conocí, hoy no voy a poder verles como todos los jueves. Voy a salirme un poco de la tradición y, en vez de regalarles un "mocaor", voy a regalarles este artículo para que, dos semanas después de proclamarse campeones nacionales del Torneo de Fútbol 7 Unificado Special Olympics de Albacete, su logro no caiga en el olvido.

La noticia ya es bien conocida por el levantinismo. A nivel deportivo, el éxito en la participación del Levante UD EDI en el torneo fue rotundo. Dos fueron los equipos que representaron al club en la cita de la ciudad manchega. El Levante UD A se quedó a las puertas del triunfo en su categoría y, tras haber realizado un sensacional torneo, cayó en la final  ante el poderoso conjunto del Espurna por 2-0. Aún así, los nuestros mostraron un gran orgullo, apretando hasta el final en busca de la remontada.

Fotos: Tania Martín y Julia Ortiz
Sin embargo, el Levante UD B hizo justicia a los méritos hechos por ambos equipos en todo el campeonato, y lograron el título de campeones que desató la locura en toda la expedición granota. Un triunfo con tintes épicos, muy típicos en el espíritu granota, con una clasificación in extremis cuando nos creíamos fuera de la final, y una remontada en la misma para llevarnos el título por 2-1 ante el Adina. Todo ello con un nivel de exigencia altísimo, y me remito al gran esfuerzo que los unificados y fisios del equipo tuvieron que hacer, para aguantar hasta el último día. No puede faltar el reconocimiento a ellos, y a los entrenadores que han sacado el mejor partido posible a los chavales. Campeones y subcampeones. Lo dicho, éxito rotundo.

Pero voy a cambiar de tercio. Ya hemos hablado del "Levante UD EDI: campeón de fútbol", ahora voy a hablar del "Levante UD EDI: fábrica de emociones". De la gran expedición que representó al equipo en Albacete, no todo eran los jugadores que compitieron. Un nutrido número de componentes de la sección, que entrenan duro todos los días para poder competir el año que viene, acudieron a la cita con el fin de animar a sus compañeros, en busca de una victoria que finalmente alcanzamos. Junto a ellos, acudieron algunos padres de los chavales y un grupo de cinco personas a los que nos llamaban monitores o voluntarios, pero a los que yo llamaría privilegiados. Yo fui uno de ellos. 

No voy a negar que el cometido de los monitores fue, por momentos, exigente. Teníamos la complicada función de disfrutar con ellos de la emoción que les suponía estar de viaje tres días con sus amigos, y a la vez controlar la misma, haciéndoles ver que dentro de la diversión hay que mantener la disciplina, la educación y el compañerismo. Responsabilidad altruista, pero bien pagada. No me he vuelto loco, me explico.  Al culminar el fin de semana, cuando regresas a Valencia, recopilas todo lo vivido y te das cuenta de lo gratificante que ha sido, y de la enorme cantidad de momentos emocionantes que has disfrutado. Era inevitable echarlo de menos. 

Fotos: Tania Martín y Julia Ortiz
No es la primera vez que lo digo, pero la cantidad de lecciones que estos chicos y chicas nos dan día a día, es impresionante. Vivimos en una sociedad en la que cada vez ponemos el listón más alto para sentirnos bien o felices, y no caemos en la cuenta en que son los pequeños detalles los que nos hacen sonreír y disfrutar de la vida. Ellos sí lo saben. Cualquier mínimo gesto de cariño o de simple atención a lo que te hablan, te lo agradecen con un fuerte abrazo, unos ojos vidriosos y humedecidos o una sonrisa de oreja a oreja. No se me quita de la cabeza,  por ejemplo, la emoción de Javi al marcar su penalti, y su particular idilio con la red de la portería, que acabó con sus morros en el suelo, para risa cómplice de todos los presentes. O los nervios de Andrei al contarme como acabó en sus manos el Libro Guinness de los Récords, al darse cuenta que le estaba escuchando atentamente. O su alegría desbordada al declararme lo bien que lo estaba pasando en su primer viaje. O la cara de Álvaro en la sala de comedor cuando le sorprendimos con una tarta para su cumpleaños. O la emoción de Natalia y Fran al improvisarles una boda, con tan solo un poco de papel y un buen puñado de creatividad por parte de las monitoras Tania y Julia. Todo esto por no hablar de la sonrisa que me bordaron al verles a todos bailar en la fiesta del sábado noche o en los desplazamientos de autobús, saltando sin parar. Algo que, con cariño, les pienso recordar la próxima vez que les pase el balón por al lado y no vayan a por él.

Podría estar hasta mañana contando ejemplos de todos los pequeños pero a la vez grandes momentos que, en unos pocos días, hicieron aflorar un sinfín de emociones en todos los que disfrutamos de esta gran experiencia. He de reconocer que genera cierta impotencia ver como, a la vez que escribo estas líneas, me doy cuenta de que es prácticamente imposible transmitir estas sensaciones en palabras. Para saber a que me refiero, hay que vivirlo. Si estuviera en vuestra lugar, y lo estuve, no perdería la oportunidad de visitar cualquier martes o jueves un entrenamiento de la mejor sección del club decano de la hoy festiva Comunidad Valenciana. Eso sí, si lo hacéis, ir aligerando vuestras agendas. Yo empecé así, y ya no se libran de mí ni con agua caliente. Me han conquistado. Feliz día de los enamorados valencianos.

Fotos: Tania Martín y Julia Ortiz

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