viernes, 18 de abril de 2014

Maider Castillo Muga: Una capitana de leyenda

-Fotografía: Éibar/www.plusesmas.com-
En apenas unos días, se cumplirán setenta y siete años del atroz y terrible bombardeo que asoló prácticamente la totalidad del municipio de Éibar. La mañana del veinticinco de abril de 1937 el municipio quedó reducido, casi en su totalidad, a un amasijo de escombros y a un cúmulo de desolación personal y material. La Iglesia de San Andrés y algunos otros y escasos edificios quedaron en pie resistiendo un feroz ataque de quienes por entonces se empecinaban en coartar el poder de un pueblo rico en sentimiento y esperanza.

Éibar es un coqueto municipio ubicado en la vertiente oeste de provincia de Guipúzcoa, diseminado en el valle del Río Ego e incluido en comarca del Bajo Deva, colindando con territorios vizcaínos. Su extenso nombre de fundación, Villanueva de San Andrés de Heybar, derivó en su actual nomenclatura con el paso de los casi siete siglos de historia moderna que aglutina desde su constitución en 1346.

En la pluralidad florece la belleza

Además del núcleo urbano, con el tradicional ambiente vasco de cercanía y naturalidad, cinco barrios rurales envuelven a la ciudad armera por excelencia: Otaola-Kinarraga, Aginaga, Arrate, Mandiola y Gonosta. La industria armamentística y el espíritu social reivindicativo convirtieron a Éibar uno de los núcleos fuertes de la lucha y de las reivindiaciones del pueblo guipuzcoano en los inicios de una concurrida actividad industrial que hasta apenas escasos lustros atrás mantuvo un auge notable. El orgullo del trabajo, de la ética de la constancia y del valor de los derechos de los trabajadores la mantienen como uno de los auténticos emblemas del poder de la clase obrera.
-Fotografía: Éibar (Cuenca del Deva)/ www.egoibarra.com-
Una ciudad tan industrial y con tal grado de relevancia en el aspecto armamentístico obligó a la modificación del cauce natural del Río Ego. Hoy, su trayecto y flora originales apenas son apreciables en los puntos más altos de la geografía del municipio. Son montes de escasa altura, que además encierran y aprisionan al municipio en un valle tan coqueto como reservado. Los montes Urko y Kalamua, al norte; Galdaramiño y Elgoarbitza, al sur; Arrate, al oeste, y Karakate al este envuelven por completo a Éibar, dibujando un precioso paisaje que te invita sutilmente a descubrir las maravillas que se esconden en su interior.

Historia y tradición, unidas de la mano

Comer bien en Éibar es casi una religión. Diferentes lugares del municipio ofrecen un agasajo gastronómico digno de campeonato. La buena alimentación se ha ensalzado durante su más reciente historia moderna con el objetivo de mantener las fuerzas de los trabajadores ante las bestiales exigencias de la industria armera.   

Pero no solamente la gastronomía se sitúa en la cúspide de sus valores turísticos e históricos. Son numerosas las fiestas y tradiciones que los eibarreses celebran y cumplen con rigor y alegría a lo largo del año. Algunas de las celebraciones más representativas son la subida al Monte Urko el día de Año Nuevo y al Monte Arrate del 8 de septiembre, las fiestas de Santa Águeda, San Miguel y San Andrés o el más conocido y popular Gaztainerre, con sus pertinentes caracoles y castañas asadas que bien rápidamente son capaz de despertar cualquier ávido gaznate.

Por supuesto, Éibar no se encuentra exenta de ser madre de diferentes personajes que han marcado una época a lo largo de la historia en diferentes disciplinas. Miguel de Aguinaga y Mendigoitia fue el fundador de la ciudad de Medellín, actual capital de Colombia. Zuloaga y Olave en el campo de la pintura y el arte y Toribio Echevarría en la vertiente política y literaria son solo algunos de ellos. 

Y llegó Maider...

El 3 de agosto de 1976, el mundo todavía no era consciente de la verdadera joya que sobre él acababa de aterrizar. Maider es hoy día, es sin lugar a dudas, uno de los referentes y de los auténticos emblemas del balompié femenino de nuestro país. Su padre, desde bien pequeña, le inculcó ese amor por el fútbol y esa pasión que, semana tras semana, hacía vibrar Ipurúa durante los ocho años que cabalgó con elegancia por el perfil zurdo de la defensa eibarresa.

Con casi catorce años de edad, Muga se unió al Eibartarrak FT. El equipo se fundó en el verano de 1990 y fue una de las entidades pioneras en la constitución de una sección femenina. El cuadro vasco disputó en 1992 su primer año en Liga Nacional y, durante la década de los noventa, alcanzó un subcampeonato de Copa de la Reina y otro en la máxima categoría. Los diferentes cambios en la competición confluyeron en el mantenimiento en la categoría nacional y la posterior refundación mediante fusión con la SD Éibar.
-Fotografía: Maider con la selección en Noruega/ www.furiaroja.com-

Su primorosa década en el cuadro vasco fue premiada con la llamada del seleccionador nacional español, donde participó durante once años y llegó a ser capitana. Maider fue citada para el Europeo disputado en Suecia y Noruega en el año 1997, donde las chicas rojigualda alcanzaron un bronce más que meritorio pese a la dolorosa derrota frente a Italia en la semifinal por dos tantos a uno. Un loable papel que llamó la atención de, por entonces, algunos de los clubes más potentes del planeta, pertenecientes a la Liga Japonesa.

Tres meses de grato recuerdo en Japón

Fueron doce semanas en Tazanuzaka que marcaron bastante la forma de entender el mundo y la manera de pensar, algo más centralizada, que la zaguera tenía por aquél entonces, con tan solo veintiún años, después de residir toda su vida en su pueblo natal. Pese a no acabar siendo seleccionada, algo que si ocurrió con su compañera Marimar Prieto, Maider siempre recoge y aguarda con cariño su paso por tierras niponas y la más que positiva experiencia que le supuso disfrutar de una cultura y un enfoque personal y global tan radicalmente opuestos a lo que estaba acostumbrada a vivir en Éibar.

De Éibar a Torrejón y de Torrejón a Valencia

En 1999 firmó por el Torrejón, donde militaría durante dos temporadas antes de dar el paso y el salto que marcaría de manera definitiva su carrera y trayectoria. En el mes de julio de 2001, Maider se incorporó a las filas del Levante UD Femenino, flamante campeón de Liga por aquél entonces. Su aterrizaje en el equipo fue el primer paso de una relación idílica que se ha prolongado con el paso de los años hasta la actualidad.

-Fotografía: Maider durante un partido en Nazaret/FutFem-
Mai se ha convertido en todo un icono del levantinismo, llevando incluso una peña su nombre, y ha sido testigo directo de la evolución, liviana pero continua, que el fútbol femenino ha experimentado en todo el marco español y, concretamente, en la ciudad de Valencia. El Levante pasó de copar éxitos y títulos formando una de las escuadras más potentes del panorama nacional a verse obligado a cambiar radicalmente el modelo de trabajo y gestión ante la imperiosa crisis económica en que el club se vio inmerso en el verano de 2008.

En las buenas y en las malas

Después de cuatro Copas de la Reina en los años 2002, 2004, 2005 y 2007 y los títulos de Superliga del año 2002 y 2008, la transformación de la entidad forzó numerosos cambios y trajo consigo el peligro de un descenso que, por momentos, pareció más cercano de lo que nunca jamás uno hubiera podido imaginar. Sin embargo, y pese a lo crítico de la situación, Maider no olvidó en absoluto sus orígenes y lo que el Levante y la ciudad fueron capaces de ofrecerle siete cursos atrás. Se mantuvo firme y rubricó junto a otras jugadoras el renacimiento de un proyecto que busca, hoy día, recuperar la enjundia que otrora le aupó a lo más alto de la categoría. La formación personal y deportiva son los valores fundamentales de los que nuestra capitana ha sido, es y será adalid. Los ánimos y consejos a una escuela sobresaliente y su papel tanto dentro del campo como fuera de él se antojan como determinantes para haber podido recuperar el crédito perdido cinco temporadas atrás.
-Fotografía: Mai durante su lesión/LUD Oficial-


Lo que uno es capaz de ver de Mai cuando disfruta de una mañana de partido en Nazaret no es ni el más mínimo resquicio del significado que su nombre y apellidos tienen para este equipo. Su garra, entereza y pelea se combinan sobre el verde con su técnica y anticipación, su agilidad y su capacidad de superación. La convierten en única e indispensable y su gen eibarrés se transmite a todas y cada una de sus compañeras. Es la hermana mayor, la mami perfecta para muchas jugadoras que están dando sus primeros pasos en la élite del fútbol femenino y que son incapaces de cejar en su empeño de admirar a una futbolista a la que ni siquiera las dos graves lesiones sufridas la pasada temporada han sido capaces de hacerle colgar las botas a sus treinta y siete años. 

Es complicado decir nada más, es sencillamente imposible encontrar las palabras. Una leyenda del fútbol se forja día a día, peleando con la ilusión y las ganas de la primera vez que se calzó sus botas y sonrió  con gozo al mirar y golpear el balón. Y así sigues tú, capitana, entrenamiento tras entrenamiento y partido tras partido. Simplemente gracias.


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