jueves, 11 de julio de 2013

David Barral: al ritmo de un buen rebujito

David Barral se ha mostrado siempre como un firme enamorado del rebujito. Una bebida tan típica de su Andalucía natal como lo son también su simpatía, su tono jocoso y el encanto con que se enfrenta a los aficionados. Cádiz ha sido, por tradición, una tierra de notables goleadores y, por supuesto, en ese elenco de nombres aparece en mayúsculas el de David.

Nació en San Fernando el diez de mayo de 1983. Tras formarse como futbolista y forjarse una más que justificada fama de goleador letal en diferentes equipos de la provincia gaditana, en el mes de junio de 2002 la escuela del Real Madrid llamó a su puerta. Por supuesto, resultó impensable rechazar una propuesta de tal calibre. Después de un primer año de adaptación en el tercer equipo merengue, los responsables del fútbol base le propusieron una más que satisfactoria cesión al Fuenlabrada. Diecisiete tantos y, doce meses más tarde, de vuelta en la Casa Blanca para afrontar un año ilusionante con el equipo filial.

De la mano de los Jurado, Juanfran, Soldado, Javi García, Arbeloa, Borja Valero o Rubén de la Red, además de por supuesto David Barral, el Real Madrid Castilla regresó a la categoría de plata por la puerta grande. No obstante, David no disfrutaría de una temporada plena tras el ascenso y decidió, como algunos otros, romper su vinculación con la entidad madrileña y enrolarse en las filas del Sporting de Gijón.

Su llegada a tierras asturianas fue avalada por Manolo Preciado, artífice de un proyecto mágico e ilusionante que llevó dos años más tarde al Sporting de Gijón de vuelta al olimpo del balompié nacional. Sus once dianas la campaña del ascenso fueron fundamentales. La llegada a la máxima categoría, tardía pero más que merecida, no amedrentó ni mucho menos las cualidades y el olfato del ariete gaditano. 

Cuatro preciosas temporadas vistiendo la elástica blanquirroja en Primera División con un total de veintiocho tantos. Parece una cifra exigua y ridícula si la comparamos con lo que hoy en día estamos acostumbrados; sin embargo, alcanzar un registro de diez goles por curso en un equipo con las herramientas de que disponía a su alrededor y en un conjunto donde primaba el bloque y para nada se vivía de la inspiración de su máxima referencia ofensiva es digno de admiración.

Llegó el doloroso descenso ya con Javier Clemente en el banquillo en junio de 2012, justo hace un año, y David emprendió una nueva aventura en el fútbol turco. El Orduspor le sedujo con un suculento sueldo y la posibilidad de probar una experiencia completamente novedosa para él. Muchos aficionados recordarán su choque con Didier Drogba y la posterior visita del marfileño a la habitación del hospital en el que Barral estuvo ingresado, pero poco se puede destacar en el plano deportivo.

Los problemas por impagos y el mal ambiente reinante en Ordu tras el descenso de categoría abrieron la posibilidad de que David volviera a pasear su fútbol por los campos españoles. Y así, la llamada de Manolo Salvador surtió el efecto deseado para que este feroz delantero vista la camiseta del Levante a los treinta años, en su máximo grado de madurez deportiva y con la ilusión y el deseo de triunfar de un pipiolo de diecisiete. Tira los desmarques como pocos, se asocia con mucha inteligencia con sus compañeros, es un auténtico líder sobre el campo y va fenomenal de cabeza. Un especialista en la definición y desde los once metros que tal vez adolece de la regularidad deseada y que no brilla y se expone de una manera tan espectacular para el aficionado.

Con un buen rebujito, te damos la bienvenida David y te auguramos muchos éxitos en tu nueva etapa.


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