jueves, 23 de mayo de 2013

Mi derecho a la ilusión

Se viven tiempos convulsos en Orriols. La insensatez de muchos puede pasar factura a un proyecto precioso, mágico e ilusionante que, tal y como todos sabemos, está tocando a su fin. Todos y cada uno de los seguidores hemos reflexionado mucho acerca de esto, y quizá nos preguntamos por qué en ocasiones somos tan estúpidos. Yo mismo lo llevo haciendo durante demasiado tiempo, incluso siendo simplemente conocedor de una ínfima parte del circo que nos rodea. Sin embargo, después del pasado fin de semana (puede parecer algo ventajista), mi percepción ha cambiado ligeramente. Vislumbro el futuro desde una perspectiva diferente, con una ilusión renovada y el deseo de ver crecer y brotar las semillas que algunos han ido plantando día a día en todos los componentes de la fábrica azulgrana.

Es cierto, amigos, que resulta francamente triste ver a la afición dividida, al vestuario contaminado, a un entrenador enfrentado con ya no sabe quién y a un presidente absolutamente desquiciado. El modelo de familia se ha desintegrado por completo. Los hijos no quieren hacer caso a papá, se pelean entre ellos y el jefe no es capaz de poner orden. Y lo peor es que ahora mismo, ni siquiera el abuelo de las criaturas, que en ocasiones ha pecado de consentir demasiado a esos pequeños traviesos, puede sosegar un clima harto insoportable. Que no somos tontos, que no hace falta vender una película que ni ellos mismos se creen. La transparencia y la claridad de estos cuatro años han dejado paso a la turbidez y al temor, al desasosiego y a la inquietud, y sinceramente, no quiero rememorar pesadillas interminables en las que aparecen otra vez Riganò y su tripita rellena con un millón y medio de euros netos.

No obstante, creo firmemente que , por suerte, este virus ha afectado únicamente a un estamento de la entidad. Los éxitos del filial, del juvenil, del Femenino y, no nos olvidemos, de numerosos conjuntos de las categorías inferiores (homenajeados en un precioso y justo detalle del club antes del enfrentamiento del pasado domingo ante el Rayo Vallecano) obligan a creer en la existencia de unos cimientos esperanzadores. El compromiso y el trabajo de muchas personas sumidas en el anonimato son las bases necesarias para la regeneración del alma del primer equipo, para el renacer de ese espíritu errante que vaga por los campos con una inmerecida sensación de penumbra y desidia. 

Así que yo seré quien diga: exijo mi derecho a soñar, mi derecho a la ilusión. La ilusión de ver a los Roger, Iván, Ovejero, Jason y toda una retahíla de fantásticos jugadores que vienen pisando muy fuerte vistiendo la camiseta del Levante en Primera División, trazando sueños por toda Europa y escribiendo nuevas páginas de oro y brillantes en una historia única y memorable.


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