viernes, 29 de marzo de 2013

Sergio Ballesteros: Gracias, mi capitán

Tres de enero de 1996. Juup Heynckes, actual entrenador del todopoderoso Bayern de Münich y uno de los preparadores más laureados de los últimos tiempos, llama a un joven recién llegado a Tenerife para que, tras intensificar su calentamiento, salte al césped durante los minutos finales del choque que enfrentaba al cuadro isleño frente al Racing de Santander, saldado con un sobrio dos a cero. Ese pipiolo, que se estrenó por entonces en la máxima categoría, lidera y capitanea a día de hoy el proyecto más ilusionante de la historia del Levante UD. Un imberbe Sergio Ballesteros no sería consciente de que esa noche escribiría la primera página de una admirable y excelente trayectoria.

Tras iniciarse como futbolista en el equipo de su pueblo natal, Burjassot, Sergio fue captado para formar parte de la cantera del Levante. Poco a poco se ganó el cariño y respeto de cada uno de los miembros de la entidad, ya que pese a contar con únicamente dieciocho años, su carácter y cualidades le auparon pronto a la primera plantilla, anclada por entonces en la categoría de bronce del fútbol nacional. A un servidor, particularmente, no se le olvidará un detalle que contó hace apenas unos meses en los micrófonos de la Cadena SER. El capitán acudía a Buñol en una motocicleta que le fue usurpada por algún indeseable en las proximidades de su casa. Tras buscarlo (miedo tenía que dar imaginarlo) de manera estéril, acudió a Benicalap caminando y, con la ayuda económica del club, pudo comprar un recambio de segunda mano que le permitiera llegar cada día en el entrenamiento.

El enfrentamiento entre Levante y Tenerife en la Copa de SM El Rey de 1995 sirvió para que Juup pusiera sus ojos sobre Ballesteros, y rápidamente le reclutase para su proyecto en la isla. Llegando a disputar la Copa de la UEFA en 1996 tras clasificar en el quinto puesto el año de su estreno (con 72 puntos en 42 jornadas, año en que el Atlético de Madrid se proclamó como campeón), en 1999 consumó su descenso con el cuadro chicharrero a la categoría de plata, disputando una única temporada más con la zamarra blanquiazul antes de firmar en el mes de junio de 2000 con el Rayo Vallecano de Madrid.

En su única temporada en Vallecas, Ballesteros completó 36 de los 38 encuentros de liga, constituyéndose como uno de los pilares clave del equipo. Compartió vestuario y zaga con otros jugadores ilustres (a otro nivel, no mediático) de nuestra liga como Ramón De Quintana, Carles Mingo, Mami Quevedo o el actual jugador del Deportivo de la Coruña Javier Camuñas. Disfrutó probablemente de los años más bonitos que recuerda la afición blanquirroja (bajo la dirección de Teresa Rivero) en las últimas décadas, exceptuando eso sí este nuevo período iniciado bajo la premisa de la ilusión y del coraje de José Ramón Sandoval y prolongado con el particular estilo de Paco Jémez.

En verano de 2001, el Villarreal llamó a las puertas del zaguero valenciano. Suponía formar parte de un proyecto constante a la par que ambicioso, serio a la par que humilde. El conjunto amarillo había experimentado el síndrome del equipo ascensor dos años antes, y pese a sus buenas sensaciones en su estreno en la máxima categoría, la vuelta a la Segunda División fue más dura de lo esperado. No obstante, su nuevo regreso a la élite, de la mano de Joaquin Caparrós, y un año de consagración bajo la dirección técnica de Víctor Muñoz le permitieron asentarse en Primera de manera definitva. 

En un primer curso de adaptación donde disputó un total de dieciocho encuentros, Sergio encontró en 2002 un lugar en el once incial de Benito Floro, quien se hizo cargo del club en la tercera jornada de liga. El veterano entrenador asturiano sacó el máximo provecho de Ballesteros, a quien alineó en un total de treinta y tres encuentros, con diez amonestaciones recibidas y una expulsión. La temporada 2003/2004 fue histórica para la entidad castellonense. Tras proclamarse campeones de la Copa Intertoto (que otorgaba un billete para disputar a la Copa de la UEFA), el Villarreal alcanzó las semifinales de la competición, cayendo eliminado de manera rigurosa ante el Valencia CF, posterior vencedor. 

El mes de junio de 2004 fue fichado por el Real Mallorca. En su etapa en la isla, donde emigró de la mano de uno de sus grandes valedores (Benito Floro), fue prácticamente indiscutible en el centro de la zaga. Si bien, la marcha del gijonés y la llegada al banquillo de Cúper y, posteriormente, Gregorio Manzano, le privaron año a año del merecido protagonismo. Sergio vio cómo su fama de duro y violento, injustificada para muchos, se fermentó especialmente en estos años. Durante su período final coincidió con su actual pareja en el centro de la defensa levantina, David Navarro, antes de ser apartado en 2008 de la entidad bermellona.

Sin equipo y con un horizonte sumido en la incertidumbre, la llamada del Levante sonó en el teléfono de Ballesteros. Un equipo desmembrado, sumido en una crisis deportiva y económica absoluta, al borde de la desaparición, le ofreció liderar un proyecto más que austero y que tenía como objetivo no descender a Segunda División B. Se eligió a Luis García Plaza como técnico y se formó una plantilla a base de descartes de otros equipos y jugadores que buscaban una última oportunidad en su carrera deportiva. Así, los Rubén Suárez, Parri, Samel, Larrea o Pallardó se enrolaron en las filas azulgranas. 

La temporada se saldó con gran éxito. Se consiguió la salvación de manera holgada, y se pusieron los mimbres para construir un nuevo equipo más ilusionante si cabe. Con Sergio creciendo día a día pese a sus 33 años, en 2010 se logró un histórico ascenso. La masa social crecía paso a paso y creía en el fútbol y la emoción que este grupo de jugadores era capaz de transmitir. Instalados en la élite, los jugadores levantinistas pagaron el precio de la inexperiencia en la máxima categoría. Una primera vuelta más que difícil precedió a un segundo tramo de curso espectacular, con números europeos, y que sirvieron para salvar al equipo del descenso.

En verano de 2011, la marcha de Luis García y la llegada de Juan Ignacio Martínez no cambió en absoluto el rol de auténtico líder de Ballesteros. Se consiguió liderar la competición durante dos jornadas y consagrar una clasificación final para disputar a la UEFA Europa League. La historia le ha devuelto partido a partido su trabajo y constancia a un jugador único e inigualable, y que sin duda es el auténtico icono de toda la parroquia levantinista. Ha paseado nuestro brazalete por Escocia, Alemania, Holanda, Suecia, Grecia y Rusia. Pero, sobre todo, ha difundido y expresado en cada minuto sobre el césped el cariño, la ilusión y los sueños de un equipo único y diferente. Gracias, mi capitán.


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