miércoles, 20 de junio de 2012

Resumen de la temporada 2011/2012: Un sueño inolvidable


Todos los aficionados levantinistas hemos podido disfrutar del año más exitoso y maravilloso de los casi ciento tres cursos de historia de la entidad. Algunos nos han tenido que decir adiós a lo largo de la temporada, otros han palpado en sus carnes por primera vez un sentimiento tan único como especial y una gran mayoría ha recibido el premio a una fiel e irrefutable pasión, demasiado ingrata en ciertas ocasiones.

Tras una segunda vuelta apoteósica, el milagro de la salvación se convirtió en realidad la pasada temporada. De la mano de un grupo entregado y que confiaba de pleno en sus posibilidades, la gesta fue concebida, y los ojos de una afición hermanada, unida y en plena sintonía con los titanes que defendían su escudo con orgullo sobre el verde emanaban lágrimas de esperanza, alegría e ilusión. Ilusión por hacer las cosas bien, olvidándonos de las gallardías y egos del pasado y cimentando paso a paso un proyecto serio y consistente sobre unas bases tan reales como austeras.

El presupuesto de la nueva campaña hacía presagiar un guion similar al vivido unos meses antaño. La estructura del bloque se mantuvo, salvo por la marcha de Felipe Caicedo en la parcela atacante, y el fondo de armario se mejoró notablemente, dando salida a aquellos jugadores más limitados o con los que no se contaba, y armándose con refuerzos de cierto calibre como Barkero, Farinós, Gustavo Cabral, Pedro López o Nabil El Zhar. La venta del delantero ecuatoriano (que alivió de manera notable la parcela económica) dio paso a la llegada, en calidad de cedido, de Arouna Koné. Las dudas que generaba por aquel entonces el ariete africano, especialmente por su propensión a las lesiones, hicieron temer la planificación general de la plantilla, pues no se consideraba a Carlos Aranda como un recambio de suficientes garantías, además de apenas contar con la aportación de Rafa Jordà. 

El hombre elegido para tomar el control de la nave levantina fue Juan Ignacio Martínez. El preparador alicantino venía de cuajar dos temporadas sensacionales con el Cartagena, equipo al que estuvo muy cerca de llevar a la élite del fútbol nacional. Su llegada quedaba también avalada por un estilo de juego sólido pero con buen trato de balón, formando equipos que buscaban continuamente el arco rival. Se buscaba una evolución en el juego manteniendo una consistencia en los guarismos. 

No obstante, tras un mes y medio buscando instaurar unos patrones que para nada se adecuaban al tipo de jugadores que tenía entre manos, Juan Ignacio acometió un acto de soberbia inteligencia. Moldeó su estilo, se adaptó a la plantilla y exprimió al máximo las cualidades de cada uno de sus miembros. 

Las visitas a Getafe y Santander sirvieron para abrir la temporada. El equipo se mostró muy fuerte en defensa, sin fisuras, pero con escasa capacidad goleadora. Koné no estaba todavía preparado, y las molestias de Aranda obligaron al míster a tirar de Barkero como falso nueve o Pedro López como interior diestro en estos primeros compases de campaña. Dos empates que sembraron algunas dudas, pero que se consideraron positivos de cara a recibir, pocos días después, al Real Madrid de José Mourinho en el templo de Orriols, perfectamente engalanado para la ocasión. Triunfo épico, partido sobresaliente, y estreno goleador de Koné con un zurriagazo ante el que Casillas nada pudo hacer. 

Las victorias en Vallecas, tres días después, y ante el Espanyol en el Ciutat de València cerraron una semana perfecta, con nueve puntos de nueve posibles y afincando al equipo en puestos europeos. Sin embargo, la brillante racha de resultados no quedaría ahí. El asalto al Benito Villamarín con un gol de Juanlu y la contundente goleada frente un Málaga con aspiraciones Champions, ambos totalmente inoperativos ante el rodillo azulgrana, llevaron al Levante a situarse de pleno en la lucha por el liderato de la Liga BBVA, codeándose con Real Madrid y FC Barcelona. 

La situación parecía dibujada en el mejor de los sueños, con un desarrollo inmejorable e inimaginable. Sería una semana más tarde cuando el sueño alcanzó su punto más álgido, en uno de los partidos más emocionantes y brillantes que la afición azulgrana recuerda. El domingo 23 de octubre de 2011, los chicos de Juan Ignacio humillaron al Villarreal en su visita a El Madrigal, venciendo por cero goles a tres, dando un auténtico recital, y situándose por primera vez como líderes de la (que nos venden como) mejor liga del mundo. 
 La noche fue especial para todos y cada uno de los aficionados, que acompañaron al equipo en su vuelta y llegada de tierras castellonenses y haciendo plausible el genial ambiente entre cuerpo técnico, directiva, jugadores y, en especial, hinchada. Tres días más tarde, la Real Sociedad se antojaba como un rival asequible. El cuadro de Montanier se hallaba sumido en una irregularidad preocupante, que no obstante convertiría en su arma más peligrosa. Hubo que esperar al tiempo de descuento para que, con un libre directo desde casi cuarenta metros ejecutado a la perfección, Rubén Suárez desatase el éxtasis máximo en las gradas del Ciutat. Siete triunfos de manera consecutiva, y el Levante consolidado en lo más alto de la clasificación. Ver para creer.

La visita a tierras navarras apeó al combinado azulgrana de la nube en que se había instaurado, y de paso devolvió la pugna por el liderato, únicamente, a los dos gigantes del fútbol nacional. Un dos a cero, quizá un tanto inmerecido, supuso el primer descalabro de la temporada, pero para nada mermó los ánimos e ilusión de toda la parroquia. Los rivales que presentaban las semanas venideras, de gran entidad todos ellos, permitieron solamente lograr tres puntos de quince posibles. No obstante, salvo ante el FC Barcelona, que se convirtió en un auténtico rodillo, el equipo dio la cara ante Valencia y Atlético de Madrid. Especialmente dolorosa fue la derrota en la visita del cuadro ché,  que aprovechó sobremanera la acusada presión a la que quedaron auto sometidos los pupilos de Juan Ignacio Martínez, situados por entonces un puesto por delante en la tabla clasificatoria.

Un triunfo como local, ante el Sevilla FC, y una derrota en Granada por la mínima sirivieron para dar por cerrado el año 2011 en el plano liguero. En la Copa de SM El Rey, el primer escollo sería un Deportivo de la Coruña que no pondría, para nada, las cosas sencillas. Una eliminatoria plagada de goles y que se decidió en favor del Levante tras la disputa de una prórroga en el encuentro de vuelta y que contó con momentos de elevada tensión para ambas aficiones. La mala noticia sería, sin duda, la lesión de Juanlu, que le mantendría apartado de los terrenos de juego prácticamente hasta final de temporada. 

El siguiente rival fue un correoso Alcorcón (que ha cuajado un curso sobresaliente), y que puso las cosas difíciles en la visita al Municipal del Santo Domingo, pero que sucumbió estrepitosamente y fue vapuleado en el segundo partido, donde el Levante goleó por cuatro goles a cero y en el que el joven Roger Martí, máximo artillero del cuadro filial, se estrenó en el plano goleador con la camiseta de la primera plantilla. El sorteo deparó un enfrentamiento ante el Valencia en los cuartos de final de la competición. 

El nuevo año y la alternancia de ambas competiciones no fue un hecho para nada beneficioso para una plantilla físicamente algo limitada, con un entrenador cuyas variantes eran prácticamente nulas. Por si fuera poco, Nano y Rafa Jordà pusieron rumbo a tierras chinas, Carlos Aranda al Real Zaragoza, Wellington al Alcoyano y Héctor Rodas, en calidad de cedido, al Elche CF. Las numerosas marchas, sumadas a la lesión de Juanlu, llevaron al equipo a reforzarse en el mercado invernal. Óscar Serrano, Pedro Botelho y Abdelkader Ghezzal fueron los elegidos, gozando únicamente de algunas oportunidades estos dos últimos.

Sin embargo, nada fue suficiente para evitar una racha negativa de siete partidos sin conocer la victoria, y una eliminación sonrojante ante los vecinos blanquinegros en la competición copera. Mallorca, Athletic, Zaragoza, Getafe, Racing, Real Madrid y Rayo Vallecano lograron algo positivo en sus enfrentamientos ante un Levante desconocido, que además comprobó como el prácticamente inexpugnable feudo de Orriols se convertía en un lugar de recreo para los rivales que lo visitaban.

Los miedos y los fantasmas del pasado volvían a sobrevolar la mente de los aficionados y jugadores, y únicamente un golpe de efecto como lo sería el gol de Rubén Suárez en el desplazamiento a Cornellà – El Prat. De nuevo de falta directa y en las postrimerías del partido, el estilete asturiano devolvía la sonrisa a una hinchada necesitada. El equipo encadenó de nuevo una racha notable, venciendo al Real Betis y al Villarreal como locales (de nuevo ante los amarillos en un partido épico decidido con otro zurriagazo de Rubeninho en el último minuto) y a la Real Sociedad como visitante, y con la única derrota en la Rosaleda por un gol a cero. 

Osasuna volvió a convertirse en el punto final de una senda positiva de resultados, y asaltó el Ciutat de València con el mismo resultado del partido de ida (cero a dos). El equipo se repuso encomiablemente, y logró un merecidísimo empate en su visita a Mestalla y una victoria contundente ante un Atlético de Madrid que se encontraba en el mejor momento de la temporada.

Se escaparon los triunfos frente al Sporting de Gijón en El Molinón y ante el FC Barcelona en el Ciutat de València. En ambos enfrentamientos, los levantinos fueron por delante y vieron cómo les era remontada la ventaja adquirida inicialmente. Munúa se convertiría en el héroe en el Ramón Sánchez Pizjuán, deteniendo una pena máxima en las postrimerías a Álvaro Negredo que serviría para cosechar un punto que valdría, finalmente, su peso en oro.

El triunfo ante el Granada por tres goles a uno, en una tarde lluviosa en Valencia, ataría casi de manera definitiva las posibilidades europeas de un Levante diseñado para sufrir, pero trabajado para ganar. La polémica cláusula del contrato de Arouna Koné se convertiría en el tema de actualidad e interés en el seno la entidad, y la ausencia del marfileño en Zaragoza y Mallorca se pagó con dos derrotas que, prácticamente, hacían despedir las opciones de disputar la UEFA Champions League la próxima temporada.

Se necesitaba un triunfo frente al Athletic de Bilbao en la última jornada. Los chicos de Marcelo Bielsa no se jugaban nada en el campeonato liguero, venían exhaustos de ser derrotados días antes en final de la Europa League, y centraron su preparación en la final de la Copa de SM El Rey que disputarían ante el FC Barcelona. Tres a cero, premio europeo y sueño hecho realidad. Lágrimas, ilusión y felicidad a raudales. Me gustaría terminar este resumen de la temporada con las últimas palabras de la que fue la crónica de este encuentro final:

“La imagen de Juanfran, de rodillas, llorando y besando el césped de Orriols, es el recuerdo más bonito de los ciento dos años de historia de una entidad que vivió en esta veraniega noche del mes de mayo, la más bella y especial de su historia”. 

¡Qué grande es ser pequeño!