viernes, 13 de abril de 2012

Cuentos chinos para niños del Japón

Queridos lectores. Hoy, con vuestro permiso, voy a saltarme el guion establecido. Teníamos preparadas nuevas publicaciones de la sección ¿Qué ha sido de…? , podríamos perfectamente hablar sobre la actualidad que concierne al partido de mañana sábado frente al Fútbol Club Barcelona. Pero un servidor, después de leer la confirmación de que el encuentro del próximo sábado en tierras hispalenses que nos enfrentará al Sevilla dará comienzo media hora más tarde de lo establecido para poder informar acerca de lo acontecido en la rueda de prensa posterior al duelo entre el cuadro culé y Real Madrid, cree que ha llegado el momento de reflexionar acerca de la salud de nuestro fútbol, y de callar definitivamente a aquéllos que todavía defienden un modelo de gestión más propio de república bananera que de una entidad de tal relevancia en el deporte por excelencia de un país puntero en el mismo.
Los dardos envenenados que aguardan mis palabras apuntan directamente, en primer lugar, a la empresa encargada de gestionar los derechos televisivos, y responsable íntegramente de esta decisión que únicamente aguarda un trasfondo meramente económico y empresarial. Si realmente queremos un equilibrio, un sistema justo y coherente, hechos como éstos hacen que cualquier argumento en defensa de lo establecido, caiga por su propio peso.
Trasladar a las diez y media el inicio del encuentro quizá afecte únicamente a un pequeño porcentaje de aficionados, no lo sé con certeza, pero la crítica no radica solamente en la solución, sino que se centra en el argumento. En un argumento que otorga más peso a unos aficionados que a otros, y que se olvida por completo que estamos hablando de un deporte, de una esencia que cada día toma más y más un carácter puramente empresarial. Los sentimientos y los sueños de cualquier aficionado se ven reducidos a índices, tablas, gráficos y mercados. Sí, mercados. Tenemos a dos equipos en las semifinales de la máxima competición continental, y tres de los cuatro supervivientes en la Europa League son equipos españoles. ¿Premiamos el triunfo de gestiones aberrantes, y de endeudamientos absolutos? ¿Ése es el brillante modelo que tanto éxito nos aguarda en un futuro? Lo siento, pero no.
Voy a ser tan claro como sincero en este inciso y apunte con el que os invito a reflexionar seriamente. Aficionados, futbolistas, entrenadores, preparadores físicos y un sinfín de estamentos del fútbol (del fútbol como deporte, del de verdad, aunque suene extraño) han manifestado en público y de numerosas maneras la incomodidad que puede suponer este nuevo sistema de horarios que se ha estrenado durante esta temporada en nuestro campeonato. Pues bien, si nos paramos a pensar qué ha hecho montar todo este paripé al endemoniado de Jaume Roures, la solución es tan sencilla como rápida: el dinero. Euros y más euros para sus bolsillos a costa de cualquier cosa. Pero claro, queda bonito decir que hemos de expandirnos para que en China y Japón puedan ver a nuestros equipos… ¡Váyase usted a cagar! Así de claro lo digo. ¿Le importa que Whan Xing Yao vea un partido entre el Betis y la Real Sociedad, con todo el respeto para estos clubes, y se la suda literalmente cambiarle media hora el partido a los aficionados de Sevilla y Levante el sábado por la noche? ¿Ha pensado en la que gente que tiene que volver luego a sus casas por carretera? ¿De los que trabajen un domingo? ¿De los viajes organizados? Cuentos chinos para niños del Japón, como dirían los buenos de Love of Lesbian.
Me avergüenzo de esta Liga, me avergüenzo de los que nos representan, y me parece intolerable que los presidentes de ambos clubes (eh, Quico) y el verdugo que dirige las cuerdas de los estamentos profesionales permitan tal aberración. Ser del Barcelona no es más que ser del Levante. Mis colores valen tanto como los suyos, ladrones.