lunes, 30 de diciembre de 2013

El poder de una sonrisa

Me despierto, como cada uno de enero, y acudo raudo a la mesa, donde mi familia espera sentada a que me desperece después de trasnochar tras las uvas y las campanadas. Una buena ducha (y larga, que las ojeras no perdonan) y al turrón. No puedo evitar mirar alrededor y dar gracias: gracias por esa gente maravillosa que me rodea un año más y porque mi plato vuelve a estar lleno pese a las inclemencias de quienes dirigen el sainete en que se ha convertido nuestro país. Nada ostentoso, por cierto: algún entrante y un pollo al horno con sus patatas asadas como auténtica especialidad de la casa. No hace falta más.

Todos tendemos a hacer balance durante estas fechas: pensamos en qué hemos hecho mejor, peor, aquéllo en que hemos vertido nuestros mejores deseos y todo lo que desearíamos cambiar. ¿Demasiado de esto último si pensamos en ciertos personajes, eh, Marianito? Os lo confesaré: para mí, la tarde de Año Nuevo suele ser como un domingo de manta y sofá. Después de la reunión familiar y del absoluto terremoto que los más pequeños de la casa desatan sobre el mobiliario casero, llega ese instante en el que mis sensaciones y pensamientos se entremezclan para siempre tratar de aterrizar en un paisaje de optimismo y alegría.

Me entristece pensar en quienes pasan estos días en soledad, sin el calor de la compañía, sin el amor de los seres queridos. Me encoge el corazón pasear por las iluminadas calles de Valencia y observar como algunos arrastran no solamente su cuerpo, sino su alma, en busca de que un simple gesto caritativo les despierte una esperanza. Muchas veces no podemos regalar un proyecto de vida, no podemos deshacer los males de todo aquél que lo necesita. Sin embargo, en nuestras manos está brindar sonrisas allá por donde vamos y dibujar felicidad en aquella tez que lo reclame con insistencia.

-Fotografía: Superdeporte-

Goyo Jiménez tiene razón (os recomiendo, de paso, que lo veáis cuando esté en vuestras manos): la sonrisa es el arma más poderosa que nos queda. Es el argumento que justifica nuestra manera de vivir e interpretar el día a día, el dulce que nos permite disfrutar de todo lo positivo y la medicina que nos ayuda a superar cualquier adversidad. Y esta idea, tan simple o para algunos tan compleja, es el Modus Operandi de una entidad deportiva que cada día gana más y más adeptos en ilusión.

El Levante ha demostrado un año más ser una verdadera familia. Una unidad única que se preocupa por todos, que confía en cada uno de nosotros y nos anima a crecer en comunión. Con unos valores únicos, un cariño especial y una sangre azulgrana empapada en un sentimiento diferente. Qué bonito ha sido ver como los pequeños disfrutaban junto a sus familias en los terrenos buñoleros o cómo la mejor generación de juveniles de la historia del club ha ido ganando protagonismo, incluso ya junto a los más mayores, para dejar paso a otra fantástica hornada, no solo de futbolistas, sino de personas, de chavales. Gente como José Gómez o como Miguel Ángel Villafaina, encargados entre otros muchos (anónimos, pero igual de relevantes) de transmitir, de inculcar, de educar y de madurar a los mejores valores de la fábrica levantinista.


El primer equipo ha atravesado un dos mil trece repleto de vaivenes. Traiciones, mentiras, desilusión, engaños y despedidas para decir adiós a una excelente temporada (con estreno europeo incluido) que finalmente se vio empañada por lo que todos ya sabéis perfectamente. No obstante, la entrada del nuevo curso ha supuesto una inyección de moral, excitación, hambre y expectación. Muchos cambios en el vestuario y un nuevo entrenador con experiencia que siente ésta su casa desde el momento de su llegada. Joaquín ya conoce lo que es formar parte del Levante y, sin duda alguna, éste será el mejor aval para que el utrerano trabaje con la ilusión por bandera y la afición le otorgue el crédito merecido.


-Fotografía: Deporte Valenciano-
¿Y qué decir de las chicas? Una genial temporada que no pudo ser rematada con una más que merecida final copera y un inicio de campeonato que, pese a las adversidades de los últimos dos meses, ha sido nuevamente brillante. El encargado de andamiar y obrar todo el entramado y la identidad de nuestras guerreras no es otro que Antonio Contreras. Esos gritos desgañitándose en la banda, esos ojos rabiosos de entusiasmo y esa pasión por su trabajo dejan cualquiera calificativo corto y pobre para lo merecido. Sencillamente espectacular.

Llega la hora de la cena. Después del atracón de recuerdos, me apetece normalmente despedir el día con algo ligero y con una caja llena de buenos sentimientos y cosas positivas. Sí, lo admito: me encanta vivir soñando. Me fascina imaginar un futuro vestido de sonrisas y un mañana repleto de crecimiento, ilusión y fantasía. En ocasiones, reconozco que no es sencillo implementar esta filosofía de vida en el día a día: las frustraciones, las desilusiones y los golpes tienden a empequeñecer nuestra labor, a encoger nuestros deseos y a minimizar el límite de nuestras aspiraciones. Pero este equipo, esta gente, no ha sido sino capaz de enseñarme cada minuto que he compartido cerca de ellos el valor de la lucha, del trabajo y, sobre todo, de la alegría que embriaga su labor diaria. Para todos es la mejor de mis sonrisas.


¡Buenas noches y Feliz Año 2014!